jueves, 3 de octubre de 2013

De un nuevo curso, una alfombra y una incógnita vital.

Buenas a todos. Aquí me hallo, después de todo un verano. Después de asignaturas aprobadas y suspendidas, y después de llevarme sin ver a mis colegas gemelos más de 3 meses. No sé si lo dijimos por aquí, pero los twins se fueron a las Américas a trabajar, como buenos españoles con sangre conquistadora.

Hace un par de días que han llegado a la madre patria, y excepto por un par de Whatsappeos y una cortísima llamada de teléfono, nada sé de ellos.

Encima en Sevilla llueve. Es uno de esos días que tengo puestas calzonas cortas y la parte de arriba de un pijama largo. Tengo medio frío y medio calor, y el curso empieza sin esperar a nadie.


Al menos puedo "disfrutar" de mis vistas.

Sólo tengo una hora de clase hoy, de seis a siete, así que podéis imaginaros mis ganas de vestirme cual elegante estudiante para echar sesenta minutos en un aula aburrida.

Más cosas, tenemos compañero nuevo, que ya se presentará por aquí. Este nuevo fichaje responde a la partida de nuestro querido Jesús (que aprovecho para echarle en cara que no hay ni una entrada suya, por lo que entendería que dudéis de su existencia), que se va de Erasmus a Alemania (este chico no para). Así que nada, alguna cosilla escribiremos desde allí cuando vayamos religiosamente a visitarle.

También decir que hace escasos minutos he tenido una mini conversación por Facebook con Edu Gemelo, en la que me ha dicho:

Yo soy Edu, él es Eduardo. Gajes de ser tocallos.

Y sin más, se despide. Ahí está el tío, manejando el arte del despiste. No sé si cuando vuelva de clases me lo encontraré, después de meses, ahí con su ánimo que mueve montañas, o si por el contrario la vagueza habrá decidido por él y ha preferido quedarse en casa, sumiéndome aún más en este aburrimiento que me corroe.

Estas cosas me dejan sin sentío, he dicho.


- Por cierto, si hay una cosa buena en todo esto es que he puesto una afombra que hace que mi cuarto sea mucho más acogedor. Y es que las alfombras hacen mucho.

Para jugar al Twister en un momento dado.
- Pero también hay una mala, ayer por la noche, el suceso que se narra en esta entrada volvió a ocurrirme tras descolgar el teléfono: De una llamada inquietante.


Pd.: Y eso de que Jesús no existe, os juro que existe, aunque no haya dejado matices de su existencia en el blog. 


Nada señores, ya editaré esta entradacon la resolución de la incógnita de si EduGe vino, o si se quedó tocándose el ombligo en casa.


EDITO.: EduGE vino al piso. Olé qué alegría. Ya estamos completos, ya lo echaré de más, pero hasta ahora lo echaba de menos.


Un saludo,



EduPE.


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