miércoles, 19 de diciembre de 2012

De cuando tiramos la basura en equipo.

Hay un cuarto que siempre está cerrado en el piso. Ese cuarto tonto que está dentro de la cocina donde cuelga el termo y está la lavadora. Ese cuarto con un váter inexplicable... Ese cuarto donde van a parar todas las bolsas de basura de la semana. En adelante; el cuartito de los monstruos. (Aquí podéis situarlo: Disposición de los cuartos).

Esta entrada es asquerosa, y comienza cuando Jesús propuso (obligó) ir a tirar la basura. Tuvimos que organizarnos bien porque, como he dicho, el cuarto de los monstruos estaba lleno de bolsas de basura amarillas a rebosar, y cada uno tenía que coger una en cada mano.

La cosa era fácil, bajar por el ascensor y tirar la media docena de bolsas de un tirón. Hasta ahí bien, la cosa se puso fea cuando Edu (el gemelo, al que llamaré EduGe a partir de ahora), se armó de valor y entró en el cuarto de los monstruos para empezar a sacar las bolsas. Nos dio a nosotros las primeras que sacó, pero las dos que quedaban goteaban, y mucho. Ante esto, a mi querido amigo no se le ocurrió otra cosa que moverse mucho con las bolsas colgando, mientras Jesús ponía la banda sonora al momento con soniditos de arcadas. A todo esto, mi mano derecha quedó empapada... sí.


Cuarto de los monstruos.

Después de las disculpas y risas posteriores, fuimos a tirar la basura. Eso fue lo fácil.

De ese día aprendí varias cosas:

1. Aquella sustancia que goteaba no era corrosiva con la piel, pero apestaba con ganas.
2. Jesús hace unos ruidos guturales bastante curiosos.
3. EduGe es un malabarista con las bolsas de basura.
4. El jabón de manos no quitaba la peste con un solo lavado.

Un saludo!!

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