miércoles, 19 de diciembre de 2012

De un ambientador pedorro.

Somos tres. Tres hombres. Dicho esto, no hay más que imaginar el olor que a veces posee el piso. Normal. Para evitar que nuestra morada oliera a zoo, la semana pasada tuvimos la magnífica idea de comprar un ambientador de esos preciosos, que más que ambientadores parecen esculturas.

Bajamos a nuestro fiel Supersol (Mercadona nos pilla lejos), y encontramos una de esas ofertas que no se pueden rechazar, y más si vas con Edu Gemelo, que el tío ve una oferta y se tira a ella, aunque esté comprando un tanga morado, no importa. Mientras sea barato, al saco. Pues eso, como Jesús se quedó en el hasta entonces oloroso piso, me tocó bajar con mi tocallo.

Ni tres minutos tardó Edu en avistarlo con su radar para ofertas. Y al ver que por 4 euros teníamos un ambientador bonito y con un bote de olor a Nenuco, ni lo dudó. A la cesta.

Ahora mismo estoy escribiendo esta entrada con el olorcito a Nenuco incrustado en garganta.

Jesús no lo soporta, y cada vez que entra en el piso, lo apaga. Cosa que me anima para escondérselo en su cuarto por la noche.

Y si todo esto no fuera suficiente, el maravilloso ambientador, al echar su angelical fragancia, emite un sonido bastante similar a lo que todos estamos pensando. De ahí que Jesús, enemigo mortal del olor a Nenuco, diga esta frase cada vez que lo escucha (es decir, cada 10 minutos):

- ¡Ea, ya sa peío otra vez!

Pues nada, poco más que añadir. Aquí os dejo una fotillo de nuestro ambientador pedorro.



Un saludo!!

2 comentarios:

  1. seguro que as buscado en google como se escribia tocallo antes de escribirlo

    ResponderEliminar
  2. Jajajajajaja me ha encantado esta entrada! es genial, sois geniales!!

    Gabi.

    ResponderEliminar