Entré en la cocina y cuál fue mi sorpresa al ver como, al abrir la despensa, una cucaracha se paseaba por encima de los cubiertos, como si nada. Podéis imaginar mi cara. Lo bueno fue que en ese momento me llamó EduGE, diciéndome que estaban entrando ya en Sevilla.
Aproveché, cerré la despensa y le dije a Edu lo siguiente:
- Pues amigo, no tardéis mucho, que tengo una sorpresa para ustedes.
No sé por qué hice eso. Podría haberme quitado el zapato y habérmela cargado rápidamente, pero pensé que sería divetido vivir eso con ellos. Y la verdad, no me arrepiento, y más al ver la reacción de EduGE al verla. Bueno, continúo.
Cerré la cocina y deshice la maleta en mi cuarto. No me tomé "tan mal" a la inquilina porque aún no habíamos usado ningún instrumento de la cocina, pero aun así seguía siendo asqueroso.
Total, ni 15 minutos tardaron en llegar mis señores compañeros. Los recibí con una sonrisita de esas que dice "no nos quea ná...".
Les hice pasar a la cocina, y abrí la despensa: No había nada.
La muy asquerosa parecía que se lo había olido, y se había esfumado. Les comenté entre risas y asco lo que había pasado, y a EduGE se le comenzó a poner una cara de tremendo horror.
Encima, justo después, al quitar las cosas de la despensa para lavarlas, esterilizarlas, y tirarlas si hubiera hecho falta, fue saliendo una familia completa de cucharachas.
Jesús y yo aceptamos nuestro rol de hombres de la casa, mientras que EduGE se limitó a encerrarse en el salón y tocar la guitarra con cara de grima.
Más de una hora tardamos en esterilizar la cocina con Cucal, y acabamos borrachos de veneno y Mistol.
Una cosa sí: No hemos vuelto a ver ni una. Pero ni una cucaracha, ni siquiera una mosca. Olé.
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| Y encima no nos pagó el mes. |
Pd.: EduGE tardó más de una semana en abrir la despensa con tranquilidad otra vez.
Un saludo!!

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