jueves, 20 de diciembre de 2012

De un sofá cama estúpido.

No hay nada que me enfade más que un sofá cama que no cumple con su función en el mundo.


Esta historia comienza con la afirmación de nuestro casero de que uno de los dos sofás que tenemos en el salón se puede usar como cama en caso de emergencia. Pues bien, llegó ese día en el que teníamos que descubrir esa capacidad oculta por el bien de unos amigos que se quedaban a dormir y nos pusimos manos a la obra.

Tras dejar el espacio pertinente observamos detenidamente el sofá buscando un mecanismo que accionara un resorte o algo parecido. Luego de más de quince minutos nos dimos cuenta de que ni mecanismos ni leches, que el asiento se puede desplegar y se coloca en el suelo… vamos, tecnología punta. 

Aún así podeis decir, coño, si es cómodo que más da, pero es que ni eso, que se puede dormir mejor en la pendiente de una montaña que en el susodicho “colchón”. También podéis decirme que aunque sea mala cama puede ser buen sofá, ¡pero es que tampoco! Un sofá que al tumbarte no puedas estirar las piernas no es un sofá ni es nada, y además si te sientas se escurre el asiento y quedas superincómodo.

En definitiva un despliegue de medios técnicos y ergonómicos que nos mejoran la vida día a día.




El dichoso sofá.




Tiene la anchura de un taco de apuntes.


Buenas noches.

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