martes, 19 de febrero de 2013

De un allanamiento de morada.

Un día me llama el casero: "Edu, ¿qué tal?, ¿todo bien?". Yo, como buen inquilino, y por miedo a perder la fianza, le dije una verdad como una casa: "Señor Casero (tiene un nombre, que mantendré en secreto), la verdad es que la puerta de mi cuarto está hecha lo que se dice una mierda, y también hay un agujero en la pared que se ha formado de manera mágica en el pasillo durante una ducha de EduG". "Perfecto tío (muy campechano nuestro Señor Casero, un buen tío), pues mañana me paso yo con un amigo para ver lo que podemos hacer". "Muy bien, y muchas gracias, que pases un buen día Señor Casero". Una perfecta conversación arredador-arrendatario, nada fuera de lo normal.

Pues nada, el caso es que al día siguiente, por la mañana, estamos los dos Edus en casa porque Jesús, al ser el listo, estaba desarrollando su mente en la Universidad, y de repente llaman a la puerta.

Me pongo una sudadera, sonrío, y voy a abrir. A todo esto EduGe se asomó desde la puerta de su almacén con carita de buen inquilino.

 Abro la puerta y, ¡sorpresa! Dos tíos que no habíamos visto nunca me dicen "Buenos días", empujan la puerta y se meten en la casa a su bola, sin pedir permiso ni nada por el estilo. Quise pensar que eran dos enviados especiales del Señor Casero (aunque las pintas no daban pie a pensar que estuvieran muy bien entrenados, ni nada por el estilo), pero no fue así.

"¿Dónde está eso que nos tenéis que enseñar?", dijo uno de ellos. Yo le señalé al rídículo agujero del pasillo. Ante esto, el tío me miró con cara de este tío es imbécil.

EduGe había salido de su almacén y estaba con cara de qué está pasando, al igual que yo en realidad.

"No no no, esto no tiene nada que ver", me dice y, automáticamente, y sin pedir permiso, se mete en el cuarto de baño con el compañero. "Esto venimos buscando", dijo, señalando una pedazo de humedad en el techo, que nosotros seguimos pensando que nació ese día, porque no la habíamos visto nunca.

Situación: Dos hombres gordetes y con pinta de sucios se nos habían metido en la casa sin pedir permiso con herramientas, dispuestos no a arreglarme la puerta o el dichoso agujerito, sino a arreglar el techo de NUESTRO CUARTO DE BAÑO, así porque sí. Y los dos Edus con cara de tonto.

Bien, para acabar con esta cacho de entrada, sólo decir que una voz surcó el pasillo desde la puerta de entrada justo cuando los hombres se iban a poner manos a la obra (nunca mejor dicho), diciendo: "¡Oigan, oigan, esos hombres se han equivocado, que no es aquí! ¡Que es en el otro edificio!".

Era una señora mayor, vecina de arriba nuestra, que era la que había llamado a Mario y Luigi (los fontaneros allanadores de morada), y por poco se le va de las manos.

Poco más que decir, que se fueron (sin decir ni pío), y fue la señora la que nos pidió perdón. Gracias a esa viejecita redentora aún tenemos techo en el baño. Menos mal.

El agujero en cuestión
Tamaño considerable

Humedad, seguro que creada por ellos.

 Bueno, muchas gracias por leer.

EduPE.


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