Era uno de esos primeros días del curso en el que nos moríamos de asco porque no teníamos internet siquiera (hay que ver la adicción que puede presentar uno a este gran avance tecnológico, que si te lo quitan no sabes ni hacer la Ó con un canuto…). Pues bien, decidimos al menos que cuando nos pusieran la línea telefónica deberíamos tener ya un teléfono para llamar con urgencia a algún familiar para que guardara el número y nos lo pasara después (si, se puede llamar al móvil de uno mismo, pero inténtalo, ya verás que se te olvida), porque aunque nos lo dejen por escrito los de la compañía, o se pierde o se equivocan, siendo el segundo nuestro caso.
Como se supone que tengo un radar para las ofertas, nos dirigimos (les dirigí) hacia el Cash Converters más cercano. Para quien no sepa lo qué es: es como una casa de empeños de esas que salen en el canal Xplora (que ya se le coge asco porque no hacen más que sacar programas de esta índole y encima manipulados).
Al entrar y dar unas cuantas vueltas por la tienda ¡Bingo! Un teléfono. Pero era un teléfono de esos que se hacían por la época de nuestros abuelos que tiene rosca. "¡Guay!" dijimos. Por diez euros teníamos un teléfono que funcionaba y además era resultón.
A día de hoy sólo nos ha dado problemas: se cae a trozos
desprendiendo un polvo anaranjado de dudosa procedencia, la rosca no atina al
marcar los números, se escucha con eco y muy flojo y cuando le da la gana
cuelga y cuando no, pues no cuelga.
Lo barato sale caro, pero como el auricular se ajusta muy
bien a la oreja y pareces muy interesante hablando por él, pues hemos decidido
dejarlo hasta que aguante o hasta que aguantemos nosotros, porque como ocurra
una desgracia (que Dios no lo quiera) no le da a uno tiempo de marcar con ese
teléfono para que venga una ambulancia.![]() |
| Con su etiqueta mal quitada y todo. |
![]() |
| Muy hispter él. |
Buenas tardes.


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