viernes, 15 de febrero de 2013

De una obra bastante ruidosa.

De esas que estás durmiendo plácidamente y te despierta un horrible sonido de martillazos a las 8 de la mañana. Contando con que mis clases son por la tarde, imaginaos cómo me molesta. Sí, hay una obra en el edificio.

No sé a qué viene una obra, si todo está aparentemente bien, pero el caso es que hay un puñao de obreros haciendo más ruido que otra cosa en la primera planta, justo en la puerta. Por lo que he visto, han levantado el suelo y han colocado tablas para que no pisemos el fango y la mierda que ha creado la preciosa obra.

Hoy, al salir por la mañana, abro la puerta del ascensor en la primera planta y me encuentro a un hombre metido en un agujero de más de un metro de profundidad con una máquina de esas superviolentas que se cargan el suelo con su sola presencia.

Es gracioso que ahora, cuando vemos que ya no hay losas en la entrada, no recordamos cómo era el suelo antes, y es que sólo se echa en falta algo cuando ya no se tiene (qué bonito me ha quedado eso). 

Pues nada, poco más puedo decir; que llevo toda la semana despertándome antes de las 8 con los persitentes y violentos ruiditos de los amigos obreros, que, por su parte, se sinceraron con Edu Gemelo el otro día, cosa que me ha pedido que le deje escribir a él. Así que me callo. (Aquí está dicha historia, disfrutadla: De cuando la liaron parda).

La última cosa reseñable es que hoy EduG ha ido a la calle un rato y al volver llegó con la cara roja, pues resulta que han cerrado el ascensor porque el hombre del agujero que mencioné antes parece que se ha envalentonado y ha dado rienda suelta a su maquinita diabólica. Como no le paren los pies nos crea dos o tres sótanos... ¡qué eficiencia!

(Deja tú que se queje algún vecino, teniendo en cuenta que la media de la edad de la comunidad es de ciento veinte años).


Gracias a todos por leernos! Un saludo!

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