lunes, 29 de abril de 2013

De un señor con el respeto por bandera.

Hola equipo. Hoy he decidido contaros algo que nos ocurrió a EduGe y a mi antes de vivir bajo el mismo piso, por lo que podríamos decir que ocurrió A.P. (Antes del Piso).

En aquella era, yo vivía en una Residencia de estudiantes, mientras que mis queridos y actuales compis vivían juntos en una mierda un piso bastante lejano. No sé si lo sabréis, pero EduGe es muy músico él, y tiene una guitarrita roja que se lleva el día tocando y esas cosas. Pues bueno, A.P, yo era una persona muy moldeable, cosa que mi amiguito músico usó en mi contra para convencerme para que me comprara una guitarra acústica, y así lo hice (¿que por qué? ni idea, pero fue así).


Pues bien, la anécdota que quiero compartir hoy se sitúa en el Parque María Luisa, un gran parque que hay en Sevilla. Allí nos llevamos nuestras guitarras y desarrollamos labores perroflautas sentados en un banco alejado durante un buen rato de la tarde. Sinceramente, por aquellos entonces no se me daba bien ni colgarme la guitarra, por lo que estaba un poco... aburrido, por así decirlo, hasta que ocurrió LA COSA.

Bueno, ¿cómo explicar LA COSA? Procedo:

Estando ambos con nuestros (baratos) instrumentos sentados en ese alejado y solitario lugar del Parque, se nos acercó un individuo de facciones y acento sudamericanos, portando una denuncia y un mapa de Sevilla.

- Hola, muy buenas tardes, ¿les molesto? - preguntó el amigo -.
 - No hombre, diga, ¿qué le ocurre? - dijo uno de nosotros -.

¿PA QUÉ? ¿Pa qué preguntamos que qué le ocurría? El amable señor comenzó a explicarnos una sarta de mentiras, una cantidad de diarrea mental digna de novela, que trataré de resumir a continuación:

 -Bueno, siempre con respeto. Tengo una mujer y dos hijos, pero que ahora mismo se encuentran en (no recuerdo el pueblo que nos decía), y a mí la policía no me deja coger el tren (en estas que enseña la demanda, medio tapada con la mano). Me pregunto si me podrían, siempre con respeto, explicar dónde nos hallamos en este momento (enseña el mapita de Sevilla). Les reitero, espero no les esté molestando, pero ahorita no sé cuánto tardaré en llegar al pueblo con mi familia. Y... me preguntaba si me podrían hacer un RECARGUITA para montarme en el autobús, porque creo que andando tardaré mucho y no llegaré para cenar, pero el respeto lo primero, no me tomen a mal.

OS JURO QUE DIJO ESO, aunque con respeto, como tanto repetía.

Fue escuchar la palabra recarguita y comenzar a hilar fino. Mira éste, que nos está pidiendo dinero con una elegancia (y un respeto) no digna de un atracador. Me puse de pie y, con mi guitarra barata en ristre le pregunté:

- ¿Una recarguita? ¿Qué quieres decir.....?
 - Espero no molestarles, siempre con respeto señor.

Y le hice una pregunta bastante buena tras analizar su historia, de la que aún me siento orgulloso:

- Ah, entonces no le dejan montarse en el tren, ¿pero sí en el autobús?

Esa pregunta puso punto y final a la conversación. El hombre se fue a su hogar, supongo yo, a encerrarse en su escritorio para mejorar su teoría de la recarguita, porque hacía aguas. Y una persona avispada como fui yo, se la eché por los suelos (olé).

Bueno, creo que esta entrada ha quedado más larga de la cuenta, así que, os digo adiós, queridos lectores, pero eso sí:

SIEMPRE CON RESPETO,

EduPE.

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